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Entrevista Ganador/a | 74º ½ JDH.
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Entrevista Ganador/a | 74º ½ JDH.
ENTREVISTA GANADOR/A
ENTREVISTAS DE LOS SEPTUAGÉSIMO CUARTOS Y MEDIO JUEGOS DEL HAMBRE.

ENTREVISTAS DE LOS SEPTUAGÉSIMO CUARTOS Y MEDIO JUEGOS DEL HAMBRE.

_________________

¿Capitoliano y presentador?

Julius Tumblrman- LOCUTOR DE LOS JUEGOS DEL HAMBRE.

- Mensajes: 251
Fecha de inscripción: 23/11/2011
Re: Entrevista Ganador/a | 74º ½ JDH.
Julius respiró hondo. Había pasado unas semanas difíciles. Mientras duraron los juegos, no había hecho más que llorar y sentir pena por todos aquellos tributos a los que tanto cariño había cogido durante sus entrevistas. Le había pasado aquello más de una vez, pero la depresión le afectó más fuerte que nunca en esta ocasión. Había tenido problemas con el Capitolio, pues no habían podido realizarse con éxito los resúmenes diarios de los Juegos y habían tenido que suprimirse tras dos emisiones por la incapacidad de Tumblrman de seguir narrando con su voz la síntesis de todas las atrocidades de los juegos, y encima hacerse el entusiasmado. Se había fingido enfermo todos aquellos días, y le había costado diversos problemas económicos y profesionales. Pero no le importaba mucho, en realidad.
No hubiera querido seguir de no ser porque al menos uno de sus apreciados tributos seguía vivo, desconociendo el presentador si acaso el resto de los cuerpos seguían con vida o estaban siendo manipulados o alterados en algún laboratorio. Sólo sabía que existía ella, Nerwen, a la que había visto poco antes en el resumen y apenas había tenido tiempo de intercambiar algunas palabras con ella o felicitarla por resultar vencedora. Nerwen le caía bien, como todos los demás, pero recordaba su entrevista con especial cariño por lo divertida y dinámica que había sido, por mucho que la tributo por aquel entonces hubiera estado interpretando un papel para ganarse al público. Siguió con especial atención todo lo que le pasaba a ella en los juegos -Julius no se separaba del televisor a pesar de todo el dolor que eso le suponía-, y se había visto impactado y entristecido a partes iguales por la historia de Nerwen, de su embarazo y de su relación con Jedian Riverside, tributo que también le había caído muy bien y cuyo recuerdo también tenía presente.
Y llegaba la hora de la entrevista. Julius se encontraba con el equipo técnico en aquel lugar, apoyado contra una pared cerca de donde aparecería Nerwen antes de ir al directo. Los de las cámaras estaban ocupados preparándolo todo, y él, como siempre, estaba inmerso en sus cavilaciones acerca de lo que tendría que hacer a continuación. Trataría de ponérselo fácil a Nerwen a la vez que intentaba evitar que todo se le fuera de las manos y ensuciara la imagen del maldito capitolio, como siempre. Lo único que le gustaba de tener que hacer aquella entrevista es que tendría unos minutos con Nerwen antes de que se empezara a retransmitir para todo Panem, fuera de cámara. Le habían vestido con una camisa blanca de botones y unos pantalones y pajarita rojas a juego con el escenario del centro de entrenamiento, desde donde se retransmitía aquella entrevista. Llevaba el pelo y sus rastas recogidas y con adornos brillantes y rojos en el pelo, aparte de su pañuelo rojo preferido en éste y sus eternos ojos sombreados. Resplandecía tanto como el sofá rojo y blanco iluminado que habían colocado para que se sentaran él y Nerwen. Lo único que no resplandecía era su rostro, que reflejaba una muestra de tristeza y abatimiento. Sabría fingir todo esto ante las cámaras, pero no tenía ninguna intención de fingir frente a la vencedora, la cual según su opinión se había mantenido real y auténtica desde un primer momento. La admiraba, pues la entereza y el carácter de Nerwen y su simple condición de ganadora la hacían alguien digno de atención y reconocimiento, y más teniendo en cuenta su estado y todo por lo que había tenido que pasar.
No hubiera querido seguir de no ser porque al menos uno de sus apreciados tributos seguía vivo, desconociendo el presentador si acaso el resto de los cuerpos seguían con vida o estaban siendo manipulados o alterados en algún laboratorio. Sólo sabía que existía ella, Nerwen, a la que había visto poco antes en el resumen y apenas había tenido tiempo de intercambiar algunas palabras con ella o felicitarla por resultar vencedora. Nerwen le caía bien, como todos los demás, pero recordaba su entrevista con especial cariño por lo divertida y dinámica que había sido, por mucho que la tributo por aquel entonces hubiera estado interpretando un papel para ganarse al público. Siguió con especial atención todo lo que le pasaba a ella en los juegos -Julius no se separaba del televisor a pesar de todo el dolor que eso le suponía-, y se había visto impactado y entristecido a partes iguales por la historia de Nerwen, de su embarazo y de su relación con Jedian Riverside, tributo que también le había caído muy bien y cuyo recuerdo también tenía presente.
Y llegaba la hora de la entrevista. Julius se encontraba con el equipo técnico en aquel lugar, apoyado contra una pared cerca de donde aparecería Nerwen antes de ir al directo. Los de las cámaras estaban ocupados preparándolo todo, y él, como siempre, estaba inmerso en sus cavilaciones acerca de lo que tendría que hacer a continuación. Trataría de ponérselo fácil a Nerwen a la vez que intentaba evitar que todo se le fuera de las manos y ensuciara la imagen del maldito capitolio, como siempre. Lo único que le gustaba de tener que hacer aquella entrevista es que tendría unos minutos con Nerwen antes de que se empezara a retransmitir para todo Panem, fuera de cámara. Le habían vestido con una camisa blanca de botones y unos pantalones y pajarita rojas a juego con el escenario del centro de entrenamiento, desde donde se retransmitía aquella entrevista. Llevaba el pelo y sus rastas recogidas y con adornos brillantes y rojos en el pelo, aparte de su pañuelo rojo preferido en éste y sus eternos ojos sombreados. Resplandecía tanto como el sofá rojo y blanco iluminado que habían colocado para que se sentaran él y Nerwen. Lo único que no resplandecía era su rostro, que reflejaba una muestra de tristeza y abatimiento. Sabría fingir todo esto ante las cámaras, pero no tenía ninguna intención de fingir frente a la vencedora, la cual según su opinión se había mantenido real y auténtica desde un primer momento. La admiraba, pues la entereza y el carácter de Nerwen y su simple condición de ganadora la hacían alguien digno de atención y reconocimiento, y más teniendo en cuenta su estado y todo por lo que había tenido que pasar.
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¿Capitoliano y presentador?

Julius Tumblrman- LOCUTOR DE LOS JUEGOS DEL HAMBRE.

- Mensajes: 251
Fecha de inscripción: 23/11/2011
Re: Entrevista Ganador/a | 74º ½ JDH.
Nerwen sabía que Adele tenía razón, Julius nunca haría una pregunta que perjudicara su propia entereza y tal vez por eso, estaba un poco más cómoda con hacer el paripé delante de todo el Capitolio. Quizás de todo el personal que había conocido desde su llegada a los juegos, el amable y coqueto presentador era el único que le habían caído medianamente bien, ya que se había esmerado la última vez que se habían visto para evitar que su lengua hablara más de lo debido y mandara a la mierda la seguridad de su familia. Ahora sabía que estaban bien, todo estaba perfecto, excepto ella misma, ella no estaba bien pero intentaba ocultarlo o por lo menos hacer a frente a todo con su habitual rostro neutro.
Tragó una gran bocanada de aire mientras descendencia con Adele hacia la zona de las entrevistas en el ascensor, llevo una mano a su plano vientre buscando fuerzas y con el pulgar de la mano donde llevaba el anillo de Jedian continuó dándole vueltas a la joya. El pitido del ascensor anunciando la llegada a la planta provocaron que Nerwen frunciera el ceño, dejando caer la mano que llevaba en el vientre (lo más cerca posible de sus futuros hijos) y empezara a andar hacia el frente, siguiendo a Adele quien parecía que iba a presenciar la entrevista con ella. La morena se quedó quieta, impactada con la opulencia del lugar y luego desvió sus grandes ojos verdes por toda la sala buscando a Julius, tenía que hacer algo de parte de alguien antes de empezar con la entrevista. No había sido ella quien prometiera aquel pequeño gesto a Maia antes que muriera pero se sentía con la responsabilidad de cumplir las palabras de Jackie, ya que sin ellas, sin el huidizo de Alek, la ternura de Allie y en especial Jedian, Nerwen no podría estar en ese momento ahí.
Halló el excéntrico presentador apoyado en la pared, la expresión de la chica se relajo un poco mientras avanzaba con un paso más cansado de lo habitual hacia él para encararlo, sería hora de echar las narices que había prometido a su marido momentos antes de que se fuera. Había estado bien aletargar sus sentimientos y continuaría con su actitud distante pero debía empezar a mover la lengua ya que era inevitable, debería hablar para complacer el Capitolio, acabar con todo aquello y regresar a su casa para tener un embarazo lo más tranquilo posible. Solo sería una hora, una hora más y podría abandonarse a todo esa melancolía que sentía por haber perdido a la persona que debía acompañarla por el resto de su vida.
- Esperé tus pantalones durante todos los juegos pero nunca llegaron - no alzó la voz para hacerse presente, tampoco puso especial énfasis en sus palabras, solo habló como si estuviera refiriéndose al clima mientas se ponía delante de él y cruzaba los brazos. Miró a Julius de arriba abajo, ladeó un poco la cabeza cuando comprobó cual de brillante se veía y luego miró su propio vestido del mismo tono que el del presentador, definitivamente, Adele había pensado en todo - Tampoco los podía haber usado como arma arrojadiza - soltó mirando hacia un lado mientras veía a los cámaras preparar todo para la entrevista, volvió a fruncir el ceño y puso uno de sus mechones de pelo tras la oreja antes de mirar una vez más al presentador a los ojos. Parecía cansado, vamos, si el rojo de su traje era vivo, él parecía más un cadáver que todos los que había visto en la arena. Ese mero pensamiento, tan insignificante derivó en Jedian inevitablemente, un escalofrío cruzó por toda su espalda mientras el nudo de su garganta se hacía presente, junto a la opresión del pecho, se vio obligada a morder el labio inferior para evitar soltar un grito de “ojala hubieran sido todos los del capitolio en cambio de él” a todo pulmón.
No supo como entrar en el tema durante unos segundos tampoco sabía como encetar una conversación tras todo lo vivido quizás estaba siendo más huraña de lo habitual pero no tenía sentido ser alguien que no era, no lo había sido antes de los juegos mucho menos lo iba a ser ahora, Nerwen era antisocial y la única persona que había logrado cambiarla se había ido para siempre.
- ¿Habrás visto los juegos, no? - comenzó con una pregunta retórica de la cual no esperaba respuesta era obvio que nadie del capitolio se perdía el espectáculo del año (o del medio año) pero de todos modos era un buen punto por donde comenzar. Se inclinó hacia Julius y le dio un beso en la mejilla, un poco sonoro, quizás Maia en su lecho de muerte estaría refiriéndose a un beso más cerca de los labios pero estaba claro que para Nerwen ese gesto era imposible, solo había uno que había besado sus labios y se había llevado la llave al otro mundo, nadie más los iba a besar. Volvió a su lugar encogiéndose de hombros - Le prometimos a Maia que lo haríamos, ella sentía un cariño especial por ti - acarició el colgante que la chica le había dado antes de irse y tomó aire, iba a ser una larga entrevista sin duda.
Tragó una gran bocanada de aire mientras descendencia con Adele hacia la zona de las entrevistas en el ascensor, llevo una mano a su plano vientre buscando fuerzas y con el pulgar de la mano donde llevaba el anillo de Jedian continuó dándole vueltas a la joya. El pitido del ascensor anunciando la llegada a la planta provocaron que Nerwen frunciera el ceño, dejando caer la mano que llevaba en el vientre (lo más cerca posible de sus futuros hijos) y empezara a andar hacia el frente, siguiendo a Adele quien parecía que iba a presenciar la entrevista con ella. La morena se quedó quieta, impactada con la opulencia del lugar y luego desvió sus grandes ojos verdes por toda la sala buscando a Julius, tenía que hacer algo de parte de alguien antes de empezar con la entrevista. No había sido ella quien prometiera aquel pequeño gesto a Maia antes que muriera pero se sentía con la responsabilidad de cumplir las palabras de Jackie, ya que sin ellas, sin el huidizo de Alek, la ternura de Allie y en especial Jedian, Nerwen no podría estar en ese momento ahí.
Halló el excéntrico presentador apoyado en la pared, la expresión de la chica se relajo un poco mientras avanzaba con un paso más cansado de lo habitual hacia él para encararlo, sería hora de echar las narices que había prometido a su marido momentos antes de que se fuera. Había estado bien aletargar sus sentimientos y continuaría con su actitud distante pero debía empezar a mover la lengua ya que era inevitable, debería hablar para complacer el Capitolio, acabar con todo aquello y regresar a su casa para tener un embarazo lo más tranquilo posible. Solo sería una hora, una hora más y podría abandonarse a todo esa melancolía que sentía por haber perdido a la persona que debía acompañarla por el resto de su vida.
- Esperé tus pantalones durante todos los juegos pero nunca llegaron - no alzó la voz para hacerse presente, tampoco puso especial énfasis en sus palabras, solo habló como si estuviera refiriéndose al clima mientas se ponía delante de él y cruzaba los brazos. Miró a Julius de arriba abajo, ladeó un poco la cabeza cuando comprobó cual de brillante se veía y luego miró su propio vestido del mismo tono que el del presentador, definitivamente, Adele había pensado en todo - Tampoco los podía haber usado como arma arrojadiza - soltó mirando hacia un lado mientras veía a los cámaras preparar todo para la entrevista, volvió a fruncir el ceño y puso uno de sus mechones de pelo tras la oreja antes de mirar una vez más al presentador a los ojos. Parecía cansado, vamos, si el rojo de su traje era vivo, él parecía más un cadáver que todos los que había visto en la arena. Ese mero pensamiento, tan insignificante derivó en Jedian inevitablemente, un escalofrío cruzó por toda su espalda mientras el nudo de su garganta se hacía presente, junto a la opresión del pecho, se vio obligada a morder el labio inferior para evitar soltar un grito de “ojala hubieran sido todos los del capitolio en cambio de él” a todo pulmón.
No supo como entrar en el tema durante unos segundos tampoco sabía como encetar una conversación tras todo lo vivido quizás estaba siendo más huraña de lo habitual pero no tenía sentido ser alguien que no era, no lo había sido antes de los juegos mucho menos lo iba a ser ahora, Nerwen era antisocial y la única persona que había logrado cambiarla se había ido para siempre.
- ¿Habrás visto los juegos, no? - comenzó con una pregunta retórica de la cual no esperaba respuesta era obvio que nadie del capitolio se perdía el espectáculo del año (o del medio año) pero de todos modos era un buen punto por donde comenzar. Se inclinó hacia Julius y le dio un beso en la mejilla, un poco sonoro, quizás Maia en su lecho de muerte estaría refiriéndose a un beso más cerca de los labios pero estaba claro que para Nerwen ese gesto era imposible, solo había uno que había besado sus labios y se había llevado la llave al otro mundo, nadie más los iba a besar. Volvió a su lugar encogiéndose de hombros - Le prometimos a Maia que lo haríamos, ella sentía un cariño especial por ti - acarició el colgante que la chica le había dado antes de irse y tomó aire, iba a ser una larga entrevista sin duda.

Nerwen Riverside- MENTOR. DISTRITO DOCE.

- Mensajes: 836
Fecha de inscripción: 08/12/2011
Re: Entrevista Ganador/a | 74º ½ JDH.
Julius suspiró de nuevo, apesadumbrado. Las preguntas se mezclaban en su cabeza con los dolorosos momentos que había visto en su televisor semanas atrás, y cada vez estaba más seguro de que esta vez le resultaría mucho más difícil no incomodar o apenar a Nerwen con sus palabras. Ojalá ella pudiera irse a su casa, con su familia, y gente como el propio Julius no la fuera a molestar más reviviendo lo que perfectamente podrían haber sido los peores momentos de su vida. Eso pensó también el presentador con el repaso de los juegos que habían visto días atrás, cuyo visionado siempre le había parecido otra monstruosidad más. Como si los tributos quisieran ver todas las muertes de sus compañeros y amigos y cómo mataban a sangre fría a sus enemigos. Como si recordarlo no les atormentara ya lo suficiente. Al menos Julius pensaba centrarse en lo positivo, en los buenos momentos que había pasado ella con Jedian, en la curiosa boda, en su descubrimiento del amor que había dado de fruto un embarazo. Era triste, sí, pero al menos no todo era malo. Ella estaba viva, y sus hijos lo estarían, y aunque atormentada y controlada, era una Vencedora.
Pronto vio aparecer a Nerwen por el ascensor y dirigirse hacia él. Al principio no supo cómo reaccionar, su primer impulso fue de abrazarla, pero su gesto y posición le indicaron al presentador que era mejor esperar a un diálogo anterior. No pudo evitar esbozar una sonrisa triste cuando Nerwen empezó recordándole aquella anécdota de los pantalones, porque él también se acordaba la recordaba con cariño. Enseguida se le fue la sonrisa, pues aunque se había acordado de todos ellos mientras estaban en la Arena, ni siquiera se había movilizado para ayudarles enviándoles algo. Bueno, había puesto bastante en la colecta de los de la tele, pero a saber en qué lo habrían utilizado... suspirando de nuevo, simplemente murmuró un "lo siento" para Nerwen, aunque sabía que esas palabras de boca de un capitoliano no servían de mucho. A ojos de los tributos todos los capitolianos eran monstruos de Frankenstein, ignorando que algunos tenían sentimientos o valores de verdad, pero que estaban tan atrapados en el sistema como los desdichados habitantes de los distritos. Muchos disfrutaban con ello, con esa posición privilegiada pero igualmente esclava, pero Julius no.
-Claro, los he visto... muy a mi pesar-dijo, añadiendo eso en voz baja. De todos modos, se había asegurado de que allí no hubieran más cámaras ni micrófonos que los que iban a grabar la entrevista, ahora inactivos. Se quedó sorprendido ante el gesto de Nerwen, y escuchó que venía de Maia mientras se le llenaban los ojos de lágrimas. Sin resistirlo más, abrazó cuidadosa y muy sentidamente a Nerwen, mientras se acercaba a su oído para susurrarle las palabras que muy pocos otros Capitolianos se atreverían a pronunciar. -Lo siento mucho, Nerwen. Créeme que nunca habría deseado nada de ésto para ninguno de vosotros, ni para nadie. Aunque puede que estas palabras te resulten vacías, todos somos esclavos. Aunque los tributos sufráis más, no sois las únicas víctimas de todo ésto. He sufrido mucho por vosotros y os hubiera deseado un futuro mucho mejor que lo que os ha pasado, pero por desgracia nadie de aquí podría hacer algo así aunque quisiera. Lo siento mucho, de verdad.
Aunque no era ni de lejos todo lo que quería decirle a Nerwen, todo lo que tenía que decir en contra de sus opresores, toda la impotencia que tenía que expresar, todo lo que le parecía injusto y triste del mundo en el que vivían, todo lo que lo sentía por ella y sus amigos, Julius se separó y dejó el resto de palabras peligrosas que sus labios podían pronunciar comiéndole por dentro. Ahora sólo valían palabras de apoyo y ánimo para la ganadora, pues eran las únicas que el Capitolio podía permitir. Julius no era un Capitoliano corriente, y eso lo sabían muy pocos. Quizá no habían suficientes con tanto valor y sensibilidad como él como para poder considerar un grupo. Pero él no quería demostrar nada ni ponerse por encima del resto de habitantes, sino intentar apoyar a Nerwen y hacer que confiara en él para que se sintiera más cómoda en aquel ambiente hostil y todo acabara lo mejor posible para ella... al menos por lo pronto.
Pronto vio aparecer a Nerwen por el ascensor y dirigirse hacia él. Al principio no supo cómo reaccionar, su primer impulso fue de abrazarla, pero su gesto y posición le indicaron al presentador que era mejor esperar a un diálogo anterior. No pudo evitar esbozar una sonrisa triste cuando Nerwen empezó recordándole aquella anécdota de los pantalones, porque él también se acordaba la recordaba con cariño. Enseguida se le fue la sonrisa, pues aunque se había acordado de todos ellos mientras estaban en la Arena, ni siquiera se había movilizado para ayudarles enviándoles algo. Bueno, había puesto bastante en la colecta de los de la tele, pero a saber en qué lo habrían utilizado... suspirando de nuevo, simplemente murmuró un "lo siento" para Nerwen, aunque sabía que esas palabras de boca de un capitoliano no servían de mucho. A ojos de los tributos todos los capitolianos eran monstruos de Frankenstein, ignorando que algunos tenían sentimientos o valores de verdad, pero que estaban tan atrapados en el sistema como los desdichados habitantes de los distritos. Muchos disfrutaban con ello, con esa posición privilegiada pero igualmente esclava, pero Julius no.
-Claro, los he visto... muy a mi pesar-dijo, añadiendo eso en voz baja. De todos modos, se había asegurado de que allí no hubieran más cámaras ni micrófonos que los que iban a grabar la entrevista, ahora inactivos. Se quedó sorprendido ante el gesto de Nerwen, y escuchó que venía de Maia mientras se le llenaban los ojos de lágrimas. Sin resistirlo más, abrazó cuidadosa y muy sentidamente a Nerwen, mientras se acercaba a su oído para susurrarle las palabras que muy pocos otros Capitolianos se atreverían a pronunciar. -Lo siento mucho, Nerwen. Créeme que nunca habría deseado nada de ésto para ninguno de vosotros, ni para nadie. Aunque puede que estas palabras te resulten vacías, todos somos esclavos. Aunque los tributos sufráis más, no sois las únicas víctimas de todo ésto. He sufrido mucho por vosotros y os hubiera deseado un futuro mucho mejor que lo que os ha pasado, pero por desgracia nadie de aquí podría hacer algo así aunque quisiera. Lo siento mucho, de verdad.
Aunque no era ni de lejos todo lo que quería decirle a Nerwen, todo lo que tenía que decir en contra de sus opresores, toda la impotencia que tenía que expresar, todo lo que le parecía injusto y triste del mundo en el que vivían, todo lo que lo sentía por ella y sus amigos, Julius se separó y dejó el resto de palabras peligrosas que sus labios podían pronunciar comiéndole por dentro. Ahora sólo valían palabras de apoyo y ánimo para la ganadora, pues eran las únicas que el Capitolio podía permitir. Julius no era un Capitoliano corriente, y eso lo sabían muy pocos. Quizá no habían suficientes con tanto valor y sensibilidad como él como para poder considerar un grupo. Pero él no quería demostrar nada ni ponerse por encima del resto de habitantes, sino intentar apoyar a Nerwen y hacer que confiara en él para que se sintiera más cómoda en aquel ambiente hostil y todo acabara lo mejor posible para ella... al menos por lo pronto.
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¿Capitoliano y presentador?

Julius Tumblrman- LOCUTOR DE LOS JUEGOS DEL HAMBRE.

- Mensajes: 251
Fecha de inscripción: 23/11/2011
Re: Entrevista Ganador/a | 74º ½ JDH.
Hubiera esperado mil reacciones diferentes por parte de Julius a su tierno gesto pero nunca, las lagrimas y el posterior abrazo del presentador. Nerwen abrió sus ojos más de lo normal recibiendo inevitablemente a ese curioso personaje entre sus brazos. Estuvo dubitativa en su siguiente acción, parecía verdaderamente desconsolado por todo lo ocurrido en los juegos y la chica, fiel a sus creencias (no había nacido para hacer sentir bien al prójimo), solo atinó a dar un par de golpecitos en la espalda del hombre, unos golpes suaves y hasta cierto punto cariñosos, vamos, era lo máximo que podía esperarse de ella en una situación como aquella. No se movió, bien quieta aguantó el abrazo con las manos apoyadas en la espalda el presentador y escuchó con detenimiento sus palabras mientras iba frunciendo el ceño. ¿Era eso una declaración de principios? Vaya, eso ganaba puntos en la escala de amistad de Nerwen, quería decir, no es que fuera a considerarlo su mejor amigo o a hacer fiestas de pijamas mientras se daban golpes de cojín cual niñitas en estallido hormonal pero sin duda, tenía una mejor opinión de Julius (aunque la inicial ya era buena).
Y estaba de acuerdo con sus palabras excepto con un punto: “nadie podía hacer nada”. Claro que si podían haber hecho, Peeta y Katniss pudieron sobrevivir los dos, ¿por qué en su caso no habían hecho lo mismo? Por que claro, daba mucho más morbo ver como una pareja se separaba inevitablemente dejando a la mujer como madre soltera embarazada. La historia vendía más y no es que estuviera pensando que la culpa de todo aquello era de Julius, de Adele o de cualquier otra hormiguita del capitolio, no, estaba hablando de los peces gordos, los que movían los hilos y los trataban como si fueran meros peleles. Miró los ojos oscuros del hombre cuando se separó antes de soltar un suspiro de resignación, a estas horas y visto desde un punto objetivo, debía ser ella quien estuviera llorando cual magdalena pero en su mundo, las cosas siempre estaban giradas. Caminó hacia una pequeña mesa donde había una caja de pañuelos (seguramente puestos para el melodrama Riverside) y regresó con ellos para ofrecérselos a Julius.
- Te van a echar por estropearte el popurrí de maquillaje que te han puesto en la cara - su tono de voz era más amigable y a la vez, había dejado de ser tan fría o distante quizás por que las palabras de Julius estaban impresas en sinceridad, Nerwen era bastante retrasada en cuanto a sentimientos pero había aprendido a diferenciar ciertas cosas y la aflicción de Julius era notable - Tampoco fue tu culpa, no tienes que sentir nada - él no había acuchillado o dado un martillazo a alguien, no, solo había estado sentado en su casa, siendo un espectador pasivo de todo lo sucedido.
Bajó la mirada hacia su mano donde estaba el anillo de Jedian y comenzó a darle vueltas otra vez para la morena era un buen método de hilar pensamientos - ¿Puedo pedirte un favor Julius? - hizo una pausa mientras levantaba la mirada - Sé que vas a tocar el tema de Jedian pero si es posible me gustaría que la audiencia… - masticó esas palabras como si le costaran decirlas y luego frunció el ceño, no le gustaba todo aquello - intentara recordar a Jedian por quien fue, quiero decir, no como mi marido… sino él, Jedian Riverside. Es bastante difícil construir un futuro para lo que se cueza aquí dentro, no quiero que hablen de él como… mi marido - señaló con un dedo su vientre - quiero que tengan una base con lo que trabajar su imaginación para crear a su padre. Es de locos, lo sé… quizás estoy demasiado trastornada… seguramente nací trastornada - negó con la cabeza y luego miró el sofá - y no diré nada que joda la entrevista, me dejo guiar por ti, confío en tu criterio.
Devolvió sus ojos verdes a Julius sin formar aún una sonrisa en sus labios eso quería decir que iba a facilitarle el trabajo todo lo que pudiera y era un buen trato.
Y estaba de acuerdo con sus palabras excepto con un punto: “nadie podía hacer nada”. Claro que si podían haber hecho, Peeta y Katniss pudieron sobrevivir los dos, ¿por qué en su caso no habían hecho lo mismo? Por que claro, daba mucho más morbo ver como una pareja se separaba inevitablemente dejando a la mujer como madre soltera embarazada. La historia vendía más y no es que estuviera pensando que la culpa de todo aquello era de Julius, de Adele o de cualquier otra hormiguita del capitolio, no, estaba hablando de los peces gordos, los que movían los hilos y los trataban como si fueran meros peleles. Miró los ojos oscuros del hombre cuando se separó antes de soltar un suspiro de resignación, a estas horas y visto desde un punto objetivo, debía ser ella quien estuviera llorando cual magdalena pero en su mundo, las cosas siempre estaban giradas. Caminó hacia una pequeña mesa donde había una caja de pañuelos (seguramente puestos para el melodrama Riverside) y regresó con ellos para ofrecérselos a Julius.
- Te van a echar por estropearte el popurrí de maquillaje que te han puesto en la cara - su tono de voz era más amigable y a la vez, había dejado de ser tan fría o distante quizás por que las palabras de Julius estaban impresas en sinceridad, Nerwen era bastante retrasada en cuanto a sentimientos pero había aprendido a diferenciar ciertas cosas y la aflicción de Julius era notable - Tampoco fue tu culpa, no tienes que sentir nada - él no había acuchillado o dado un martillazo a alguien, no, solo había estado sentado en su casa, siendo un espectador pasivo de todo lo sucedido.
Bajó la mirada hacia su mano donde estaba el anillo de Jedian y comenzó a darle vueltas otra vez para la morena era un buen método de hilar pensamientos - ¿Puedo pedirte un favor Julius? - hizo una pausa mientras levantaba la mirada - Sé que vas a tocar el tema de Jedian pero si es posible me gustaría que la audiencia… - masticó esas palabras como si le costaran decirlas y luego frunció el ceño, no le gustaba todo aquello - intentara recordar a Jedian por quien fue, quiero decir, no como mi marido… sino él, Jedian Riverside. Es bastante difícil construir un futuro para lo que se cueza aquí dentro, no quiero que hablen de él como… mi marido - señaló con un dedo su vientre - quiero que tengan una base con lo que trabajar su imaginación para crear a su padre. Es de locos, lo sé… quizás estoy demasiado trastornada… seguramente nací trastornada - negó con la cabeza y luego miró el sofá - y no diré nada que joda la entrevista, me dejo guiar por ti, confío en tu criterio.
Devolvió sus ojos verdes a Julius sin formar aún una sonrisa en sus labios eso quería decir que iba a facilitarle el trabajo todo lo que pudiera y era un buen trato.

Nerwen Riverside- MENTOR. DISTRITO DOCE.

- Mensajes: 836
Fecha de inscripción: 08/12/2011
Re: Entrevista Ganador/a | 74º ½ JDH.
Se esperaba muchas reacciones por parte de la Vencedora. Al fin y al cabo, no conocía a Nerwen prácticamente en absoluto. Tal vez muchos capitolianos estarían encantados y conmovidos por tener a una ganadora de los juegos embarazada como bufón temporal y sí que creyeran conocerla y sentirse sus amigos incluso detrás de las pantallas de sus lujosas casas por haberla visto y haber "sufrido con ella" en los juegos, pero Julius, aún teniéndola ahí al lado y pudiéndola mirar fijamente a los ojos e incluso abrazarla, se sentía muy diferente y muy distante de ella. Nerwen era alguien que desde el minuto desde que ganó los juegos se había convertido en una persona digna de admiración para todo el mundo inevitablemente -y más considerando todo lo que le había pasado-, pero para el presentador ella era algo más que eso. No sabría definirlo ni expresarlo, y simplemente asentó en su cabeza que Nerwen se merecía su cariño, respeto y comprensión ante todo, siempre que ella quisiera recibirlos de él. Al menos, y a juzgar por su actitud posterior a la confesión de Tumblrman, pareció que así era.
Aceptó uno de los pañuelos realmente agradecido e incluso sonrió cuando Nerwen bromeó acerca de su maquillaje. -Todos tenemos un poco de culpa-afirmó con certeza el presentador, de pronto con gesto serio. Sería hipócrita si bajo su condición de "capitoliano privilegiado" no admitiera su parte de culpa por aceptar y formar parte de todo aquel macabro espectáculo que eran los Juegos del Hambre, por mucho que todo lo que hiciera en contra de ello no sirviera nunca de mucho. Además, ayudaba a los tributos en el escenario, sí, ¿pero no les sonreía como si no fuera a pasarles nada y hurgaba en sus pasados hasta desnudarles frente al público y dejarles aún más vulnerables? Mirase por donde se mirase, nada bueno o exento de culpa tenía la actitud, la vida o el trabajo de cualquier persona del Capitolio. Y por ello nunca estaba de más disculparse o sentirlo. En el caso de Julius Tumblrman, sentirlo de verdad.
Escuchó con atención las palabras de Nerwen, entendiendo que estaba a punto de formularle una petición personal. Al parecer, se trataba de Jedian. Recordaba la entrevista de Jedian, el momento tenso que él mismo había provocado al mencionar "venganza" por el tema de su hermano, y lo simpático lo tierno que había estado el joven al final. El publico había sufrido mucho por Jedian, tal vez más que por Nerwen, aunque como eran la pareja estrella podría decirse que reunían la mayor atención y cariño del público. Así, la petición de Nerwen era complicada, pues al público le encantaría que se hablara de lo que fue el Riverside en los juegos y con Nerwen, porque era el punto donde se había hecho famoso y había empezado a ser querido y adorado por todos. Y por supuesto, era uno de los pilares sobre lo que se sustentaba lo jugoso a nivel dramático de esta edición, pues que hubiera muerto y dejado a su reciente esposa embarazada era la novela trágica en boca de todo el capitolio, que tenía que ser mencionada en la entrevista sí o sí. Sin embargo, y fiel a su intención de hacerle las cosas fáciles y agradables a la nueva ganadora de los juegos, reflexionó al respecto cómo podría hacerse lo que le pedía.
-Me lo pones difícil, querida-le confesó a Nerwen, de nuevo sincero-. Comprenderás que tenga que sacar a relucir todo lo que fue Jedian en los juegos, pues es lo que quiere el público. Pero desde luego, y ya que me lo pides, insistiré en lo que era Jed. Créeme que estoy de acuerdo contigo en que debe ser recordado por quién era, ya que me consta que era una persona maravillosa. Y por otro lado es muy noble por tu parte pedírmelo, y emotivo que el motivo sea también por tus hijos, lo cual considero una causa digna y merecida para ti. Así que te prometo que haré todo lo que esté en mi mano-añadió, acariciando levemente el hombro de Nerwen. Seguidamente, miró su reloj e intuyó que quedaban menos de diez minutos para que los técnicos les llevaran hasta el sofá y empezaran la cuenta atrás para el directo. -Y nada, si quieres pedirme o decirme algo más, este es el momento-dijo el presentador, dirigiéndole una sonrisa triste a la Vencedora.
Aceptó uno de los pañuelos realmente agradecido e incluso sonrió cuando Nerwen bromeó acerca de su maquillaje. -Todos tenemos un poco de culpa-afirmó con certeza el presentador, de pronto con gesto serio. Sería hipócrita si bajo su condición de "capitoliano privilegiado" no admitiera su parte de culpa por aceptar y formar parte de todo aquel macabro espectáculo que eran los Juegos del Hambre, por mucho que todo lo que hiciera en contra de ello no sirviera nunca de mucho. Además, ayudaba a los tributos en el escenario, sí, ¿pero no les sonreía como si no fuera a pasarles nada y hurgaba en sus pasados hasta desnudarles frente al público y dejarles aún más vulnerables? Mirase por donde se mirase, nada bueno o exento de culpa tenía la actitud, la vida o el trabajo de cualquier persona del Capitolio. Y por ello nunca estaba de más disculparse o sentirlo. En el caso de Julius Tumblrman, sentirlo de verdad.
Escuchó con atención las palabras de Nerwen, entendiendo que estaba a punto de formularle una petición personal. Al parecer, se trataba de Jedian. Recordaba la entrevista de Jedian, el momento tenso que él mismo había provocado al mencionar "venganza" por el tema de su hermano, y lo simpático lo tierno que había estado el joven al final. El publico había sufrido mucho por Jedian, tal vez más que por Nerwen, aunque como eran la pareja estrella podría decirse que reunían la mayor atención y cariño del público. Así, la petición de Nerwen era complicada, pues al público le encantaría que se hablara de lo que fue el Riverside en los juegos y con Nerwen, porque era el punto donde se había hecho famoso y había empezado a ser querido y adorado por todos. Y por supuesto, era uno de los pilares sobre lo que se sustentaba lo jugoso a nivel dramático de esta edición, pues que hubiera muerto y dejado a su reciente esposa embarazada era la novela trágica en boca de todo el capitolio, que tenía que ser mencionada en la entrevista sí o sí. Sin embargo, y fiel a su intención de hacerle las cosas fáciles y agradables a la nueva ganadora de los juegos, reflexionó al respecto cómo podría hacerse lo que le pedía.
-Me lo pones difícil, querida-le confesó a Nerwen, de nuevo sincero-. Comprenderás que tenga que sacar a relucir todo lo que fue Jedian en los juegos, pues es lo que quiere el público. Pero desde luego, y ya que me lo pides, insistiré en lo que era Jed. Créeme que estoy de acuerdo contigo en que debe ser recordado por quién era, ya que me consta que era una persona maravillosa. Y por otro lado es muy noble por tu parte pedírmelo, y emotivo que el motivo sea también por tus hijos, lo cual considero una causa digna y merecida para ti. Así que te prometo que haré todo lo que esté en mi mano-añadió, acariciando levemente el hombro de Nerwen. Seguidamente, miró su reloj e intuyó que quedaban menos de diez minutos para que los técnicos les llevaran hasta el sofá y empezaran la cuenta atrás para el directo. -Y nada, si quieres pedirme o decirme algo más, este es el momento-dijo el presentador, dirigiéndole una sonrisa triste a la Vencedora.
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¿Capitoliano y presentador?

Julius Tumblrman- LOCUTOR DE LOS JUEGOS DEL HAMBRE.

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Fecha de inscripción: 23/11/2011
Re: Entrevista Ganador/a | 74º ½ JDH.
Los ojos verdes observaron con detenimiento a Tumblrman mientras exponía los pros y los contras de la petición realizada por ella misma. Nerwen asintió con suavidad, tenía presente la dificultad que eso representaba pero solo pedía que hiciera todo lo que estuviera en sus manos para introducir un poco de la esencia de Jedian en la entrevista. Era consciente que omitir su relación en una entrevista tan jugosa sería como echar una soga al cuello de los dos pero la morena sabía que si ambos se ponían de acuerdo podían llegar a construir algo que estuviera en un termino medio entre las expectativas del Capitolio y las suyas propias.
- Gracias
Susurró en un tono bajo en respuesta a la actitud positiva del hombre a hacer todo lo que estuviera en sus manos. Si alguien podía realizar su deseo, era Julius, quizás por eso se había aventurado a preguntárselo. Tras el abrazo consideró que si estaba lo suficientemente afligido por lo sucedido en la arena, hasta el punto de derramar lágrimas, podía ayudarla con aquello e iba a agradecerle toda su vida su fácil disposición a recordar a Jedian por quien era, a pesar que fuera en contra del supuesto guión estipulado del Capitolio (o eso pensaba ella). Miró la mano del hombre de reojo cuando acarició su hombro antes de tragar una gran bocanada de aire mientras pasaba una mano por su vientre de forma distraída, sopesando la última pregunta de Julius. ¿Qué más podía pedirle? Ella estaría un poco más cerca de sentir algún tipo de lejana felicidad si lograba su objetivo, no necesitaba nada más. A cambio, iba a darle todas las respuestas de la entrevista, incluso si eran temas escabrosos o preguntas que jamás respondería.
- Algún día deberías visitar el distrito doce
Musitó mientras dirigía de forma distraída sus ojos verdes a los oscuros del hombre. Pasó un mechón de su largo pelo negro tras su oreja en forma alargada y mordió con suavidad su labio inferior dándose un segundo antes de exponer la idea que pasaba por su complicada mente. A veces, era bastante difícil para la chica ordenar todas las cosas que se arremolinaban en su cabeza de un modo coherente para exponerlo ante alguien, una mala costumbre, pero tampoco era muy habitual verla entablando conversaciones a ese nivel emocional, quizás fuera el embarazo o que la relación con Jedian la había espabilado.
- ¿Sabes? Tienen una mala costumbre aquí en el Capitolio, disfrazan lo que son bajo toneladas de maquillaje o deformaciones de quirófano. Si algo me enseñó Jed en todo el tiempo que estuvimos juntos es que si algo quieres, tanto da si sabes de antemano cual es el final, lucha por ello, no lo ocultes o lo aplaces, no te mientas a ti mismo por que vale la pena vivirlo aunque el desenlace no sea el deseado - hizo una pausa mientras hacia una figura mal hecha con el pañuelo que Julius no había cogido cuando se lo ofreció. Alargaba un poco la conclusión de todo aquel discurso porque no sabía como decírselo sin sonar ofensiva - No pareces feliz aquí - no era muy habitual ver esas muestras de simpatismo en la morena pero ya que parecían estar a un paso de entrar en una burbuja emocional, mejor entra los dos de la mano - Y los ojos pintados como mapache no te ayudaran a hacerte sentir mejor. Ven algún día a visitarme y tráeme tu pantalones.
Alargó la mano para darle un par de palmaditas en la espalda a modo amistoso, tal como si fueran dos hombres los que estuvieran reconfortándose el uno al otro. Y así, estaba instando a que dejara los muros del Capitolio, se alejara una temporada de allí y fuera a un lugar que pese a pasar multitud de dificultades, los habitantes eran tal como se podían ver por que no podían ocultar lo único que les era suyo, su propia personalidad.
- Gracias
Susurró en un tono bajo en respuesta a la actitud positiva del hombre a hacer todo lo que estuviera en sus manos. Si alguien podía realizar su deseo, era Julius, quizás por eso se había aventurado a preguntárselo. Tras el abrazo consideró que si estaba lo suficientemente afligido por lo sucedido en la arena, hasta el punto de derramar lágrimas, podía ayudarla con aquello e iba a agradecerle toda su vida su fácil disposición a recordar a Jedian por quien era, a pesar que fuera en contra del supuesto guión estipulado del Capitolio (o eso pensaba ella). Miró la mano del hombre de reojo cuando acarició su hombro antes de tragar una gran bocanada de aire mientras pasaba una mano por su vientre de forma distraída, sopesando la última pregunta de Julius. ¿Qué más podía pedirle? Ella estaría un poco más cerca de sentir algún tipo de lejana felicidad si lograba su objetivo, no necesitaba nada más. A cambio, iba a darle todas las respuestas de la entrevista, incluso si eran temas escabrosos o preguntas que jamás respondería.
- Algún día deberías visitar el distrito doce
Musitó mientras dirigía de forma distraída sus ojos verdes a los oscuros del hombre. Pasó un mechón de su largo pelo negro tras su oreja en forma alargada y mordió con suavidad su labio inferior dándose un segundo antes de exponer la idea que pasaba por su complicada mente. A veces, era bastante difícil para la chica ordenar todas las cosas que se arremolinaban en su cabeza de un modo coherente para exponerlo ante alguien, una mala costumbre, pero tampoco era muy habitual verla entablando conversaciones a ese nivel emocional, quizás fuera el embarazo o que la relación con Jedian la había espabilado.
- ¿Sabes? Tienen una mala costumbre aquí en el Capitolio, disfrazan lo que son bajo toneladas de maquillaje o deformaciones de quirófano. Si algo me enseñó Jed en todo el tiempo que estuvimos juntos es que si algo quieres, tanto da si sabes de antemano cual es el final, lucha por ello, no lo ocultes o lo aplaces, no te mientas a ti mismo por que vale la pena vivirlo aunque el desenlace no sea el deseado - hizo una pausa mientras hacia una figura mal hecha con el pañuelo que Julius no había cogido cuando se lo ofreció. Alargaba un poco la conclusión de todo aquel discurso porque no sabía como decírselo sin sonar ofensiva - No pareces feliz aquí - no era muy habitual ver esas muestras de simpatismo en la morena pero ya que parecían estar a un paso de entrar en una burbuja emocional, mejor entra los dos de la mano - Y los ojos pintados como mapache no te ayudaran a hacerte sentir mejor. Ven algún día a visitarme y tráeme tu pantalones.
Alargó la mano para darle un par de palmaditas en la espalda a modo amistoso, tal como si fueran dos hombres los que estuvieran reconfortándose el uno al otro. Y así, estaba instando a que dejara los muros del Capitolio, se alejara una temporada de allí y fuera a un lugar que pese a pasar multitud de dificultades, los habitantes eran tal como se podían ver por que no podían ocultar lo único que les era suyo, su propia personalidad.

Nerwen Riverside- MENTOR. DISTRITO DOCE.

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Fecha de inscripción: 08/12/2011
Re: Entrevista Ganador/a | 74º ½ JDH.
Recordaba a otros campeones, pero su relación con ellos nunca había sido tan extraña como la que había entablado con Nerwen. Julius había presentado los juegos en bastantes ocasiones, y sólo aquella vez todo le estaba afectando más de la cuenta. Su aspecto y su comportamiento eran la muestra más visible de que el tiempo y la experiencia le estaban debilitando emocionalmente. Lo cual era curioso, pues se decía que la experiencia curtía a las personas y las hacía más invulnerables o insensibles. Pero no, el presentador lo sentía de manera diferente. Cada año eran más muertes, más vidas rotas. Y todo porque él no consideraba a los tributos objetos, sino personas con vidas y sentimientos igual que él. No podía simplemente olvidarlo y obviar que estaban matando a cientos de jóvenes por mera diversión y ánimo de demostrar todo el poder que el Capitolio ejercía sobre los distritos.
Miró atentamente a Nerwen, esta vez con curiosidad. La vio dubitar, seguramente reflexionando si quería decirle algo más al presentador. Le dio tiempo para que expresara todo aquello que quisiera decirle, haciendo gala del apoyo incondicional que pensaba darle. En cierto modo le sorprendió lo que le dijo, comprobando el conocimiento de la cruda realidad que tenía la vencedora, y estando por supuesto de acuerdo con ella. Le conmovieron sus palmadas en la espalda, la mención a la filosofía de vida de Jed y que en cierto modo se preocupara por él. La miró con cierta melancolía, retorciéndose ligeramente las manos. Tenía que reconocer que se había puesto algo nervioso, pues estaban hablando del mayor problema de toda su vida. Tener que fingir, sufrir y aguantar una opresión cuando no estaba de acuerdo. Ser parte de un juego que no le gustaba, y tener que cumplir sus reglas o saltárselas aun a riesgo de su vida. Decidió agradecerle a Nerwen con otra sonrisa triste todo lo que le había propuesto, ya que se lo agradecía pero sabía que era imposible que escapase de la vida que llevaba. Era demasiado famoso, y en los distritos le conocía todo el mundo. No podía cambiar de vida así como así, era un esclavo del capitolio como otro cualquiera.
-No lo soy-reconoció el presentador en voz baja, refiriéndose a su felicidad-, pero no tengo alternativa. Esta es mi vida. Ayudaros y al mismo tiempo dirigiros con una sonrisa a la muerte misma es mi trabajo. Supongo que ya no importa. Algún día meteré la pata y me matarán, y por fin seré libre-dijo, consciente de la gravedad de las palabras que estaba diciendo, y sacudiendo la cabeza-. Pero yo no importo. Importáis vosotros, que al final sois los más perjudicados de todo esto, y por eso hago lo que puedo por vosotros. De todas maneras, muchas gracias por la propuesta. Te enviaré todos mis pantalones en agradecimiento-dijo en voz alta, y consciente de que algunos técnicos los observaban de vez en cuando, y no les convenía que lo vieran intimar de esa manera. Acarició levemente con el dorso de la mano la mejilla de Nerwen, y le dirigió una de sus sonrisas más sinceras. Que un tributo al que había ayudado en las entrevistas y a quien admiraba tanto le apoyara era casi un regalo, un premio, una muestra que todo aquello merecía la pena y que debía seguir ayudando a los tributos para que, como Nerwen, pudieran sobrevivir al Capitolio y ser un poquito más libres de lo que era él. Se lo merecían. Sobre todo Nerwen, que incluso era capaz de dejar sus diferencias y apoyar a un Capitoliano, mientras que pocos habitantes del Capitolio podrían hacer lo mismo con un tributo.
Julius dio unas palmaditas y volvió a mirar su reloj, dándole la espalda a Nerwen unos momentos. Preguntó a algunos técnicos si todo estaba listo ya, respondiéndole algunos cámaras afirmativamente. Una maquilladora se apresuró a retocarle el maquillaje al presentador, y finalmente otro técnico le indicó que todo estaba listo. Él volvió a aproximarse a la Vencedora y le ofreció una mano para acompañarla hasta el sofá. Antes, tenían escasos minutos antes de que su conversación dejara de ser privada. -Ha sido un placer conocerte, Nerwen Riverside. Es posible que ya no tenga más oportunidades de hablar contigo fuera de cámara, así que te deseo lo mejor para ti y para tus hijos. Siento mucho todo lo que has pasado, pero espero que todo te vaya mejor a partir de ahora, y que recuerdes que aquí también tienes amigos dispuestos a ayudarte y a darte sus pantalones. No te olvidaré-le dijo con cariño. Alzó un poco la mano para ir hasta el sofá y sentarse hasta que comenzaran la cuenta atrás, cinco minutos, y entraran en directo. Esperaba que Nerwen comprendiera que tendrían que hablar de trivialidades mientras escucharan los técnicos y hasta que empezaran a grabar para todo Panem, como si hasta ahora tampoco hubieran hablado de nada importante.
Miró atentamente a Nerwen, esta vez con curiosidad. La vio dubitar, seguramente reflexionando si quería decirle algo más al presentador. Le dio tiempo para que expresara todo aquello que quisiera decirle, haciendo gala del apoyo incondicional que pensaba darle. En cierto modo le sorprendió lo que le dijo, comprobando el conocimiento de la cruda realidad que tenía la vencedora, y estando por supuesto de acuerdo con ella. Le conmovieron sus palmadas en la espalda, la mención a la filosofía de vida de Jed y que en cierto modo se preocupara por él. La miró con cierta melancolía, retorciéndose ligeramente las manos. Tenía que reconocer que se había puesto algo nervioso, pues estaban hablando del mayor problema de toda su vida. Tener que fingir, sufrir y aguantar una opresión cuando no estaba de acuerdo. Ser parte de un juego que no le gustaba, y tener que cumplir sus reglas o saltárselas aun a riesgo de su vida. Decidió agradecerle a Nerwen con otra sonrisa triste todo lo que le había propuesto, ya que se lo agradecía pero sabía que era imposible que escapase de la vida que llevaba. Era demasiado famoso, y en los distritos le conocía todo el mundo. No podía cambiar de vida así como así, era un esclavo del capitolio como otro cualquiera.
-No lo soy-reconoció el presentador en voz baja, refiriéndose a su felicidad-, pero no tengo alternativa. Esta es mi vida. Ayudaros y al mismo tiempo dirigiros con una sonrisa a la muerte misma es mi trabajo. Supongo que ya no importa. Algún día meteré la pata y me matarán, y por fin seré libre-dijo, consciente de la gravedad de las palabras que estaba diciendo, y sacudiendo la cabeza-. Pero yo no importo. Importáis vosotros, que al final sois los más perjudicados de todo esto, y por eso hago lo que puedo por vosotros. De todas maneras, muchas gracias por la propuesta. Te enviaré todos mis pantalones en agradecimiento-dijo en voz alta, y consciente de que algunos técnicos los observaban de vez en cuando, y no les convenía que lo vieran intimar de esa manera. Acarició levemente con el dorso de la mano la mejilla de Nerwen, y le dirigió una de sus sonrisas más sinceras. Que un tributo al que había ayudado en las entrevistas y a quien admiraba tanto le apoyara era casi un regalo, un premio, una muestra que todo aquello merecía la pena y que debía seguir ayudando a los tributos para que, como Nerwen, pudieran sobrevivir al Capitolio y ser un poquito más libres de lo que era él. Se lo merecían. Sobre todo Nerwen, que incluso era capaz de dejar sus diferencias y apoyar a un Capitoliano, mientras que pocos habitantes del Capitolio podrían hacer lo mismo con un tributo.
Julius dio unas palmaditas y volvió a mirar su reloj, dándole la espalda a Nerwen unos momentos. Preguntó a algunos técnicos si todo estaba listo ya, respondiéndole algunos cámaras afirmativamente. Una maquilladora se apresuró a retocarle el maquillaje al presentador, y finalmente otro técnico le indicó que todo estaba listo. Él volvió a aproximarse a la Vencedora y le ofreció una mano para acompañarla hasta el sofá. Antes, tenían escasos minutos antes de que su conversación dejara de ser privada. -Ha sido un placer conocerte, Nerwen Riverside. Es posible que ya no tenga más oportunidades de hablar contigo fuera de cámara, así que te deseo lo mejor para ti y para tus hijos. Siento mucho todo lo que has pasado, pero espero que todo te vaya mejor a partir de ahora, y que recuerdes que aquí también tienes amigos dispuestos a ayudarte y a darte sus pantalones. No te olvidaré-le dijo con cariño. Alzó un poco la mano para ir hasta el sofá y sentarse hasta que comenzaran la cuenta atrás, cinco minutos, y entraran en directo. Esperaba que Nerwen comprendiera que tendrían que hablar de trivialidades mientras escucharan los técnicos y hasta que empezaran a grabar para todo Panem, como si hasta ahora tampoco hubieran hablado de nada importante.
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¿Capitoliano y presentador?

Julius Tumblrman- LOCUTOR DE LOS JUEGOS DEL HAMBRE.

- Mensajes: 251
Fecha de inscripción: 23/11/2011
Re: Entrevista Ganador/a | 74º ½ JDH.
Nerwen estuvo atenta a las palabras de Julius cuando el presentador expuso sus palabras de un modo emocional, cercano y privado. Se identificó con él, todas esas sensaciones las había compartido a un modo muy introvertido, sin hacer participe a nadie pero había sentido el agobio de ser un títere del capitolio y como él, Nerwen deseó morir para ser libre. Tal vez algo irónico teniendo en cuenta que había luchado con uñas y dientes para salir con vida de la arena y resultó ser la única superviviente de veinticuatro, sin embargo los años venideros se hacían complicados sin la presencia de todos aquellos que se hicieron un hueco en su complicado corazón de un modo u otro dentro de unos juegos que tenían objetivos matarlos a todos. Sentir como la vida de Jedian se escapaba irremediablemente de sus manos la hizo creer que morir era poner un buen punto y final a una vida llena de complicaciones y sufrimiento.
- Te equivocas, importas. Maia creía que importabas y si ella creía eso, me basta para opinar igual, además me ayudaste a que no metiera la pata en mi primera entrevista aún sin conocerme, eso te hace importante.
Fue rotunda y tampoco se guardó de mantener un tono bajo para agradar a todos los técnicos capitolianos que se encontraban allí. No obstante, toda esa determinación se vio amenazada cuando Julius alzó la mano para acariciar con el reverso de la misma la mejilla de la morena. Nerwen sintió el impulso innato de apartar la mejilla, las muestras afectivas no habían sido ni eran su punto fuerte pero en contra de su propio credo, no se movió, solo miró algo perturbada a Julius y aceptó todo lo bien que pudo su amabilidad.
Un suspiro de alivio surgió de sus labios cuando el presentador pasó a dar ordenes a los integrantes del programa, gracias a los Dioses, el momento emocional y cercano había pasado. Y como tal, Nerwen, había dejado de estar tensa, la morena no se imaginaba abrazando, dando más palmaditas, acariciando cabezas o dando muestras de cariño más allá de las que ya había ofrecido, se le hacía sumamente difícil.
Caminó unos pasos para estirar sus piernas. Pese a que el tacón era bajísimo, no estaba acostumbrada a esas pequeñas torturas humanas y necesitaba disipar ese leve cosquilleo que comenzaba a subir por su pierna derecha. Y esos momentos de soledad le sirvieron para reflexionar y llegar a una conclusión: había un objeto de los que llevaba que no debía ser para ella. Apretando los labios y con algo de dolor, alzó las manos para deshacerse del encaje del collar de Maia y lo guardó en su mano, apretándolo una última vez con fuerza para despedirse con la que fue su hermana menor dentro de la arena.
La mano de Julius apareció ante su rostro para acompañarla al sofá y Nerwen intercaló miradas rápidas entre esa mano y el rostro del hombre para cerciorarse que de verdad iba a acompañarla tan caballerosamente. Soltando otro suspiro, Nerwen tomó ese ofrecimiento y acompañó a Julius hasta el asiento escuchando la bonita despedida y asintiendo con la cabeza.
- En el distrito doce siempre tendrás alguien que te pida pantalones – murmuró con su habitual tono de voz carente de emoción y entonces, aprovechando que tenían las manos juntas, puso el objeto en su mano y le obligó a cerrar el puño – Maia me lo dio a mi pero creo que no le importará que lo tengas tu, cuídalo.
Y era su forma de decir que se animara un poco que él también tendría algo así como una aliada en el distrito minero así que pensara en ella cuando mirara el collar y en todos los tributos a los que había ayudado. Después de eso, tomó asiento en su lugar y esperó que diera inicio esa entrevista, borrando todo rastro de tristeza o agotamiento para dejar paso a su facciones inexpresivas.
- Te equivocas, importas. Maia creía que importabas y si ella creía eso, me basta para opinar igual, además me ayudaste a que no metiera la pata en mi primera entrevista aún sin conocerme, eso te hace importante.
Fue rotunda y tampoco se guardó de mantener un tono bajo para agradar a todos los técnicos capitolianos que se encontraban allí. No obstante, toda esa determinación se vio amenazada cuando Julius alzó la mano para acariciar con el reverso de la misma la mejilla de la morena. Nerwen sintió el impulso innato de apartar la mejilla, las muestras afectivas no habían sido ni eran su punto fuerte pero en contra de su propio credo, no se movió, solo miró algo perturbada a Julius y aceptó todo lo bien que pudo su amabilidad.
Un suspiro de alivio surgió de sus labios cuando el presentador pasó a dar ordenes a los integrantes del programa, gracias a los Dioses, el momento emocional y cercano había pasado. Y como tal, Nerwen, había dejado de estar tensa, la morena no se imaginaba abrazando, dando más palmaditas, acariciando cabezas o dando muestras de cariño más allá de las que ya había ofrecido, se le hacía sumamente difícil.
Caminó unos pasos para estirar sus piernas. Pese a que el tacón era bajísimo, no estaba acostumbrada a esas pequeñas torturas humanas y necesitaba disipar ese leve cosquilleo que comenzaba a subir por su pierna derecha. Y esos momentos de soledad le sirvieron para reflexionar y llegar a una conclusión: había un objeto de los que llevaba que no debía ser para ella. Apretando los labios y con algo de dolor, alzó las manos para deshacerse del encaje del collar de Maia y lo guardó en su mano, apretándolo una última vez con fuerza para despedirse con la que fue su hermana menor dentro de la arena.
La mano de Julius apareció ante su rostro para acompañarla al sofá y Nerwen intercaló miradas rápidas entre esa mano y el rostro del hombre para cerciorarse que de verdad iba a acompañarla tan caballerosamente. Soltando otro suspiro, Nerwen tomó ese ofrecimiento y acompañó a Julius hasta el asiento escuchando la bonita despedida y asintiendo con la cabeza.
- En el distrito doce siempre tendrás alguien que te pida pantalones – murmuró con su habitual tono de voz carente de emoción y entonces, aprovechando que tenían las manos juntas, puso el objeto en su mano y le obligó a cerrar el puño – Maia me lo dio a mi pero creo que no le importará que lo tengas tu, cuídalo.
Y era su forma de decir que se animara un poco que él también tendría algo así como una aliada en el distrito minero así que pensara en ella cuando mirara el collar y en todos los tributos a los que había ayudado. Después de eso, tomó asiento en su lugar y esperó que diera inicio esa entrevista, borrando todo rastro de tristeza o agotamiento para dejar paso a su facciones inexpresivas.

Nerwen Riverside- MENTOR. DISTRITO DOCE.

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Fecha de inscripción: 08/12/2011
Re: Entrevista Ganador/a | 74º ½ JDH.
Se acababan las confidencialidades, empezaba el show. Tumblrman estaba aturdido y sentimentalmente dañado por la charla emocional con la ganadora, pero en unos segundos y desde que había hablado con los técnicos se había relajado un poquito. Él era un tiburón, aquellos eran sus peces. Delante -o detrás- de las cámaras no había nadie que pudiera superarle, al menos en eso de fingir que era un superficial y carismático presentador del Capitolio que siempre controlaba la situación y que exprimía a los tributos para darles a todos un espectáculo emotivo y divertido a la vez. Todo eso de ayudar a los tributos y sentir verdadera lástima por ellos era algo que nunca se veía, o más bien algo que nunca se dejaba ver... aunque fuera lo más importante para él. Era un experto en fingir que no, eso sí. Se le había ido un poco de las manos un par de veces en los últimos años, y por ello le habían sustituido por un sinvergüenza corto de miras el año anterior. Pero allí había estado otro año más, aguantando. Y haciéndolo peor, por lo que no dudaba que simplemente lo sustituyeran para siempre y su vida empezara a no tener sentido en absoluto.
Pero al menos estaba allí, delante de Nerwen Riverside, admirando su coraje, su carácter y su fuerza. No era una profesional, ni mucho menos, y aún así se había convertido en una ganadora. Todo el respeto y el apoyo fluían del adulto presentador hacia ella, por mucho que ella pudiera rechazarlo en cualquier momento tachando al hombre de ser un bufón televisivo, que al fin y al cabo era la imagen que se llevaban la mayoría de los tributos, desconociendo la verdadera causa de Julius. Lo bueno era que ella era conocedora de esa causa e incluso había simpatizado con él por haberla ayudado, y eso era mucho más de lo que Julius habría podido desear. Una verdadera recompensa.
No le estaba ayudando a centrarse que Nerwen le hubiera recordado a Maia. Le conmovía haber llegado a otro tributo, otro de esos con los que tanto se encariñaba. Recordaba los escasos minutos que habían compartido juntos y se entristecía de sobremanera, recordando el destino que gente tan agradable había tenido que sufrir sin que él hubiera podido hacer mucho más para evitarlo. Cuando le dijo aquello mientras se dirigían al sofá, sintió oleadas de felicidad y tristeza a la vez. Surgió una gratitud enorme hacia Nerwen por aquel gesto, y la miró profundamente mientras se mordía el labio inferior, que le temblaba de la emoción. Una vez sentados, inspiró hondo y contuvo las lágrimas. Agachó la cabeza y disimuló alisándose la camisa después de llevarse discretamente el objeto que tenía en la mano hasta el bolsillo de su pantalón. Lo guardaría como un tesoro, como una especie de amuleto que le siguiera dando fuerzas para ayudar a gente como Maia y como Nerwen. Las recordaría siempre, igual que recordaba a todos aquellos tributos que habían pasado por sus manos y que se aparecían por igual en sus pesadillas y sus más bonitos sueños.
Sorbiéndose la nariz y ya más centrado, Julius Tumblrman alzó la cabeza exhibiendo una amplia sonrisa. Cruzó las piernas y acarició la brillante tela del sofá en el que estaban sentados, iluminado artificialmente y haciendo que resplandecieran sus gestos y las vestimentas. Miró a Nerwen y a los técnicos alternativamente, ya completamente consciente de la situación. No había tenido tanto tiempo para concienciarse y meterse en el papel como habituaba, y por si fuera poco tampoco había bebido ni una gota de ron. Podría decirse que era una de las primeras veces que se enfrentaba a las cámaras tan poco preparado y tan desgastado. Aquella podría ser su última entrevista, y él lo sabía bien. Se le notaría todo aquello que al gobierno no le gustaba, y estaría en la calle en un abrir y cerrar de ojos. Pero aún tenía que ayudar a Nerwen, y es lo que pensaba hacer. -¿Preparada, querida? Esto será fácil. Tanto como lo fue la primera vez, como cuando te vi delante de toda aquella gente en el escenario antes de los juegos. Miramos a aquella cámara de allí-le dijo, indicándole con el dedo-y hablamos tú y yo de tu estancia en la arena y todo lo que has vivido. Con confianza, como si fuéramos amigos de toda la vida y tuviéramos nuestros secretos y todo-añadió, guiñándole un ojo-. Le haremos un pequeño homenaje a Jed recordándole en general y me temo que luego tendrás que hablar un poco de tu relación con él a lo largo de todo el acontecimiento. Luego acabaremos. Si tienes alguna duda es el momento de plantearla.
Pero al menos estaba allí, delante de Nerwen Riverside, admirando su coraje, su carácter y su fuerza. No era una profesional, ni mucho menos, y aún así se había convertido en una ganadora. Todo el respeto y el apoyo fluían del adulto presentador hacia ella, por mucho que ella pudiera rechazarlo en cualquier momento tachando al hombre de ser un bufón televisivo, que al fin y al cabo era la imagen que se llevaban la mayoría de los tributos, desconociendo la verdadera causa de Julius. Lo bueno era que ella era conocedora de esa causa e incluso había simpatizado con él por haberla ayudado, y eso era mucho más de lo que Julius habría podido desear. Una verdadera recompensa.
No le estaba ayudando a centrarse que Nerwen le hubiera recordado a Maia. Le conmovía haber llegado a otro tributo, otro de esos con los que tanto se encariñaba. Recordaba los escasos minutos que habían compartido juntos y se entristecía de sobremanera, recordando el destino que gente tan agradable había tenido que sufrir sin que él hubiera podido hacer mucho más para evitarlo. Cuando le dijo aquello mientras se dirigían al sofá, sintió oleadas de felicidad y tristeza a la vez. Surgió una gratitud enorme hacia Nerwen por aquel gesto, y la miró profundamente mientras se mordía el labio inferior, que le temblaba de la emoción. Una vez sentados, inspiró hondo y contuvo las lágrimas. Agachó la cabeza y disimuló alisándose la camisa después de llevarse discretamente el objeto que tenía en la mano hasta el bolsillo de su pantalón. Lo guardaría como un tesoro, como una especie de amuleto que le siguiera dando fuerzas para ayudar a gente como Maia y como Nerwen. Las recordaría siempre, igual que recordaba a todos aquellos tributos que habían pasado por sus manos y que se aparecían por igual en sus pesadillas y sus más bonitos sueños.
Sorbiéndose la nariz y ya más centrado, Julius Tumblrman alzó la cabeza exhibiendo una amplia sonrisa. Cruzó las piernas y acarició la brillante tela del sofá en el que estaban sentados, iluminado artificialmente y haciendo que resplandecieran sus gestos y las vestimentas. Miró a Nerwen y a los técnicos alternativamente, ya completamente consciente de la situación. No había tenido tanto tiempo para concienciarse y meterse en el papel como habituaba, y por si fuera poco tampoco había bebido ni una gota de ron. Podría decirse que era una de las primeras veces que se enfrentaba a las cámaras tan poco preparado y tan desgastado. Aquella podría ser su última entrevista, y él lo sabía bien. Se le notaría todo aquello que al gobierno no le gustaba, y estaría en la calle en un abrir y cerrar de ojos. Pero aún tenía que ayudar a Nerwen, y es lo que pensaba hacer. -¿Preparada, querida? Esto será fácil. Tanto como lo fue la primera vez, como cuando te vi delante de toda aquella gente en el escenario antes de los juegos. Miramos a aquella cámara de allí-le dijo, indicándole con el dedo-y hablamos tú y yo de tu estancia en la arena y todo lo que has vivido. Con confianza, como si fuéramos amigos de toda la vida y tuviéramos nuestros secretos y todo-añadió, guiñándole un ojo-. Le haremos un pequeño homenaje a Jed recordándole en general y me temo que luego tendrás que hablar un poco de tu relación con él a lo largo de todo el acontecimiento. Luego acabaremos. Si tienes alguna duda es el momento de plantearla.
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¿Capitoliano y presentador?

Julius Tumblrman- LOCUTOR DE LOS JUEGOS DEL HAMBRE.

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Fecha de inscripción: 23/11/2011
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